Los niños y las pantallas


La tecnología está presente en nuestras vidas y en la de nuestros hijos. Los dispositivos electrónicos han generado nuevas formas de estar conectados, de percibir la realidad, de explorar y de relacionarnos. Así, las pantallas (tabletas, celulares, computadoras, videojuegos o teléfonos) son parte de la vida cotidiana y de la rutina de grandes y chicos.

12-08-2019

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El uso de la tecnología puede ser positivo ya que esta aporta muchos beneficios: permite acceder a gran cantidad de información de manera rápida, brinda distintas y nuevas formas de comunicación, facilita espacios de relación y acorta distancias. También, es un medio de entretenimiento y puede ayudar a promover ciertas relaciones sociales ya que brinda herramientas que facilitan el trabajo cooperativo, la comunicación y el intercambio con personas con intereses afines a los nuestros. 

Sin embargo, el excesivo uso de estos dispositivos trae consecuencias negativas. Sobre todo, en los más pequeños, quienes aún están en proceso de crecimiento y de formación del carácter por lo que pueden resultar altamente influenciables. Las pantallas producen fascinación, el brillo, los colores, el sonido, la velocidad con la que los niños obtienen respuestas, etc. son algunas de las características que, contribuyen a que los niños se queden “pegados” a ellas. El uso de los dispositivos puede conducir a los pequeños a buscar constante estimulación y a querer repetir la actividad muchas veces para sentir la satisfacción que esta le genera. En este sentido, las pantallas pueden resultar adictivas.

Otro efecto negativo, es el fácil acceso a determinados contenidos para los cuales los niños aún no están preparados. Asimismo, la posibilidad de interactuar virtualmente con otros usuarios, generalmente desconocidos, conlleva grandes riesgos. El consumismo, es otro problema al que se enfrentan quienes utilizan estos artefactos (sean grandes o chicos) ya que en ellos se ofrecen constantemente productos que buscan generar nuevas necesidades que lleven al público usuario ya sea a comprar o realizar determinadas actividades.  

En casos más extremos, puede promover el aislamiento en los niños, la dependencia y hasta llegar a alterar sus horas de sueño lo que genera fatiga e irritabilidad. De igual modo, el cansancio físico y los periodos cortos de sueño podrían llegar a afectar el ritmo de estudio de los niños, los niveles de rendimiento en la escuela, su comportamiento y sus lapsos de atención-concentración.

En torno a este aspecto, es importante señalar que muchas veces, son los adultos a cargo de los pequeños quienes recurren a la tecnología para conseguir que los niños cumplan con algunos objetivos, por ejemplo: comer, quedarse quietos cuando tienen que esperar, sentarse tranquilos en el auto o simplemente para que se distraigan mientras los mayores están ocupados. Este recurso no siempre es positivo, ya que puede transmitir a los niños el equivocado mensaje de que cuando algo no les gusta, se aburren o se sienten incómodos, está bien recurrir a las pantallas para abstraerse y eludir la situación.

Los niños necesitan de otros niños para aprender a socializar, jugar, conversar, pelearse, compartir, etc., ya que estas experiencias son esenciales para lograr un desarrollo sano y emocionalmente estable. A través de ellas, los pequeños obtienen las herramientas para construir su personalidad, forjar su carácter y conocerse a sí mismos. En este sentido, es necesario mencionar que el excesivo uso de los dispositivos puede interferir con el desarrollo de las habilidades sociales y la formación del carácter, ya que poco a poco los niños empiezan a escoger quedarse en casa, con la computadora, en lugar de jugar con sus pares o familiares.

De igual modo, se aburren con facilidad, se acostumbran a depender de la tecnología para divertirse y no logran usar su imaginación, simbolizar en sus juegos, ni interactuar, incluso si están compartiendo el mismo espacio. Así, los pequeños dejan de salir a montar bicicleta, jugar en el parque, conversar, construir con bloques, jugar juegos de mesa, armar, dibujar, etc.

En este contexto, donde lo que prima es la búsqueda de satisfacciones inmediatas, la impaciencia, la falta de relaciones interpersonales y la disminución de las interacciones con la naturaleza, se podrían desarrollar personalidades insatisfechas que no logran sentirse contentas con nada, que se aburren con facilidad o que huyen de los problemas porque no saben esforzarse para resolverlos. Por ello, es importante aprender a hacer uso de las tecnologías con moderación y evitar caer en excesos, aunque sea una tarea difícil.

¿Cómo generar un uso responsable de los dispositivos electrónicos?

Aquí se presentan algunos consejos:

  • Dar el ejemplo con nuestros hábitos de uso.
  • No usar la tecnología ni los dispositivos como si fueran una niñera.
  • Conocer los juegos y las páginas que frecuentan los niños para acompañarlos durante su uso y orientarlos sobre los contenidos que ven.
  • Acordar normas de uso de estos dispositivos en familia, verbalizarlas y utilizar recordatorios para cumplirlas (timer, carteles, alarmas, etc.).
  • Establecer horarios y lugares de uso razonables de acuerdo a la edad. Pactar la hora en la que deben apagarse.
  • Limitar su uso y establecer lugares donde se “dejan” en determinados momentos (comer, dormir, conversar, jugar o hacer tareas).
  • Promover el uso intercalado y moderado de las pantallas con otras actividades de modo que los niños no dejen de interactuar entre sí, hacer ejercicios, conectarse con la realidad, jugar y pasar tiempo en familia.
  • Enseñar a los niños a cuidar su privacidad e intimidad, y explicarles los riesgos que conlleva contactar con desconocidos, publicar fotos o datos personales, entre otros.
  • Establecer protocolos familiares de seguridad para protegerse de los malos usuarios, conversar sobre ellos e implementarlos en casa de manera clara y consistente. 
  • Enseñar a los pequeños a pedir ayuda cuando encuentran información que les incomoda o asusta. También, si los contacta alguna persona que no conocen.
  • Usar aplicaciones para limitar el acceso a algunos sitios web que no son apropiados para la edad de los niños o transmiten contenidos inadecuados.
  • Evitar que los pequeños usen sus dispositivos electrónicos mientras realizan sus deberes escolares, salvo como herramienta de consulta.

Las pantallas en sí, no son una amenaza para las personas, es el mal uso de estas lo que puede traer consecuencias negativas, sobre todo en los más pequeños. Por ello es importante informarse, conocer y desarrollar en familia pautas y estrategias para usarlas de manera positiva y obtener el máximo beneficio de ellas.

La Academia Americana de Pediatría (AAP)1 sostiene entre sus recomendaciones que:

  • Para los niños menores de 18 meses, se debe evitar el consumo y el uso de las pantallas en la medida de lo posible. Los padres de niños entre 18 y 24 meses de edad que quieran introducir a sus pequeños en algún contenido digital deben elegir programas de alta calidad y verlos con ellos para ayudarlos a discernir sobre lo que están viendo.
  • Para los niños entre los 2 y los 5 años edad, se debe limitar el uso a una hora al día de programas de alta calidad. Asimismo, los padres deben ver el contenido mediático junto con sus niños para ayudarlos a entender los que están viendo y que puedan aplicarlo al mundo que los rodea.
  • Para los niños de 6 años en adelante, los padres deben establecer límites coherentes sobre el tiempo y el tipo de contenido que sus niños visualizan. Así, podrán cerciorarse de que su consumo no acapare el tiempo que debería estar destinado al sueño, alimentación, ejercicio y otras actividades esenciales para la salud. 

1La American Academy of Pediatrics publica nuevas recomendaciones para el consumo mediático de los niños. En: https://healthychildren.org/spanish/news/paginas/aap-announces-new-recommendations-for-childrens-media-use.aspx

Fuentes

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