Autonomía vs sobreprotección


Uno de los principales objetivos para los padres en la educación de sus hijos, es lograr que sean autónomos. Se entiende por autonomía no solamente a la habilidad del niño para poder realizar determinadas actividades y rutinas por sí mismo, sino también al desarrollo de la capacidad para desenvolverse de forma independiente, pensar por sí mismo, tomar decisiones, etc., tanto en lo moral como en lo cognitivo.

12-08-2019

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Los niños nacen con una dependencia casi absoluta de sus padres o cuidadores. Conforme van creciendo y alcanzando la suficiente madurez física y emocional, lograrán obtener mayores niveles de autonomía en las distintas áreas de su vida. En los primeros años, desarrollarán destrezas para trasladarse, jugar, alimentarse, asearse, vestirse, etc. Más adelante, serán capaces de tomar decisiones, asumir las consecuencias de sus actos, actuar con responsabilidad o gestionar sus emociones. Así, paulatinamente, irán aprendiendo nuevas habilidades que les permitirán realizar acciones cada vez más complejas y solucionar problemas.

Para que el niño adquiera sentimientos de seguridad necesarios para lograr un sano desarrollo, es importante que logre establecer un vínculo de confianza con sus padres o cuidadores. La relación afectiva que él llegue a entablar con ellos le dará la confianza básica imprescindible para animarse a explorar su entorno e ir poco a poco adquiriendo una mayor autonomía.

En este contexto, la familia cumple un rol primordial, puesto que será la encargada de establecer las primeras pautas de cómo el niño puede enfrentarse al mundo. Si queremos que nuestros hijos se sientan seguros de sí y sean exitosos, debemos primero nosotros confiar en sus capacidades y delegarles responsabilidades desde muy pequeños, siempre que estas estén dentro de sus posibilidades.

Cuando los niños cumplen con sus actividades, es importante afianzar sus logros con elogios moderados y enfatizar el esfuerzo por la tarea realizada. Al mismo tiempo, hay que saber dosificar y no exagerar estos elogios, ya que se corre el riesgo de perder credibilidad o condicionarlos a actuar únicamente para obtener el refuerzo positivo y no hacerlo a conciencia. En este sentido, es fundamental tomar en cuenta que las recompensas externas tienden a inhibir la motivación intrínseca, que es lo que finalmente queremos lograr para que sean realmente autónomos y actúen por convicción y no por la recompensa, el temor o la obligación.

Debemos estar atentos a no caer en la sobreprotección ya que muchas veces pensamos que haciendo las cosas por ellos los estamos ayudando, lo cual no podría estar más lejos de la verdad. El mensaje que les estamos transmitiendo al hacer las cosas por ellos, es el de incapacidad para asumir sus responsabilidades, lo cual genera consecuencias negativas para su desarrollo en general.

Evitarles la frustración y el sufrimiento, si bien les “facilita la vida”, no les permite hacer las tareas para las que ya están preparados; tampoco les da la oportunidad de poner en práctica determinadas habilidades, ni desarrollar recursos necesarios para enfrentarse por sí mismos a las distintas situaciones que se les puedan presentar. Las frustraciones son inevitables; por lo tanto, hay que aprender a manejarlas.

¿Cómo puedes ayudar a los niños a desarrollar su autonomía?

  • Aprovecha situaciones cotidianas para fomentar su independencia: los niños aprenden a ser autónomos al realizar diferentes actividades diarias tanto en casa como en el colegio. En esta línea, es necesario enseñarles a crear ciertos hábitos por sí mismos, como vestirse, ponerse y sacarse los zapatos, ir al baño solos, ordenar sus cosas, etc. También es importante que tengan la oportunidad de asumir solos las responsabilidades escolares, entre ellas: anotar en su agenda, hacer las tareas, estudiar solos, etc.
  • Dale tiempo para aprender y practicar: las rutinas diarias no son sencillas para los pequeños, por ello es necesario armarse de paciencia y permitirles practicar y tomarse su tiempo hasta que puedan lograrlo con la mínima ayuda. Como adultos podemos mantenernos cerca y alentarlos, crear un ambiente favorable y motivador en el que se le ofrezcan distintas oportunidades y recursos.
  • Promueve su capacidad para tomar decisiones: es importante incluirlos en decisiones que les competen y en las cuales puedan dar su opinión, de acuerdo a las alternativas que les podemos plantear, viables y de acuerdo a la edad. Por ejemplo: lo que llevarán en su lonchera, escoger qué ropa usarán, qué libro prefieren leer, etc. Con referencia a esto, sería positivo mencionar que las buenas decisiones generalmente son producto de contar con información previa sobre el tema en cuestión. Por ello, es recomendable proporcionarles, en la medida de lo posible, la información necesaria para que tengan los elementos adecuados al decidir.
  • Déjalo probar: si descubres que tu hijo está interesado en realizar alguna tarea novedosa, o en experimentar algo distinto, no lo desalientes, ni lo restrinjas diciéndole que es muy pequeño o que no va a poder, siempre y cuando esté dentro de sus posibilidades y no atente contra su seguridad. Es beneficioso permitirle que lo intente y hacerlo sentir que su esfuerzo es valioso, aunque no lo haga perfecto. En general, esta actitud y el valorar siempre la experiencia ajena como ejemplo, le permitirá aprender y desarrollar mayor motivación para ser independiente.
  • No resuelvas sus problemas ni corrijas por ellos sus errores: ayúdalo a plantear alternativas de solución e ir probándolas, enséñale que para hacer algo bien, es importante practicar mucho y algunas veces equivocarse. Dale las pautas para resolver problemas, pero deja que él encuentre la solución. La frustración es parte del aprendizaje, aunque a nadie le gusta cometer errores. Siempre transmite el mensaje de que los errores son una fuente de aprendizaje, que es normal equivocarse y que ellos pueden solucionarlo.
  • Establece límites y reglas claras: ayúdalo a entender que ser autónomo no quiere decir decidir sin considerar al otro. Ser autónomo implica negociar los puntos de vista, respetar los límites y autorregularse para ello. Por eso no temas en marcar esos límites y en plantear situaciones en las que tu hijo deba ser empático con los demás y con el bien común. Para ello, brinda pautas claras, establece acuerdos y pon consecuencias que guarden proporcionalidad con la edad de tu hijo y con la falta cometida. Evita los premios y castigos.

Es importante que, como padres, sepamos encontrar el equilibrio al establecer acuerdos en la crianza de los hijos. Debemos evitar la excesiva permisividad y la sobreprotección y tratar de acercarnos más hacia un rol de guía y facilitador. La idea es orientar a nuestros hijos sin ser controladores. Dejemos que cometan sus propios errores, que resuelvan sus problemas y tomen sus decisiones, pero estemos ahí para acompañarlos y aconsejarlos cuando sea necesario. Alentémoslos a enfrentar retos y a confiar en sus capacidades. Esto les dará seguridad en sí mismos y les permitirá desarrollar su propio criterio haciéndolos más autónomos.

Referencias

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