Toda meta implica constancia, esfuerzo y un tiempo de espera. Para lograr un objetivo, debemos avanzar paso a paso, primero el 1, luego el 2. Así les enseñamos a nuestros niños a leer y a escribir, a compartir, a ser parte de un equipo; pues tendrán pequeños aprendizajes en el tiempo, que luego los llevarán a su objetivo final o a mayores retos. En el camino, seguramente se toparán con irregularidades, con obstáculos que no sabrán cómo enfrentar; pero es entonces cuando dependerán de la guía del adulto para poder atravesar aquellas situaciones y proseguir su marcha.

El lugar de la espera


Toda meta implica constancia, esfuerzo y un tiempo de espera. Para lograr un objetivo, debemos avanzar paso a paso, primero el 1, luego el 2. Así les enseñamos a nuestros niños a leer y a escribir, a compartir, a ser parte de un equipo; pues tendrán pequeños aprendizajes en el tiempo, que luego los llevarán a su objetivo final o a mayores retos. En el camino, seguramente se toparán con irregularidades, con obstáculos que no sabrán cómo enfrentar; pero es entonces cuando dependerán de la guía del adulto para poder atravesar aquellas situaciones y proseguir su marcha.

18-04-2024

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El lugar de la espera

 

“Esperar es una lata.

Y, sin embargo, es lo único que nos hace

experimentar el roer del tiempo y sus promesas.”

(Andrea Koller)

 

Toda meta implica constancia, esfuerzo y un tiempo de espera. Para lograr un objetivo, debemos avanzar paso a paso, primero el 1, luego el 2. Así les enseñamos a nuestros niños a leer y a escribir, a compartir, a ser parte de un equipo; pues tendrán pequeños aprendizajes en el tiempo, que luego los llevarán a su objetivo final o a mayores retos. En el camino, seguramente se toparán con irregularidades, con obstáculos que no sabrán cómo enfrentar; pero es entonces cuando dependerán de la guía del adulto para poder atravesar aquellas situaciones y proseguir su marcha.

La perseverancia ante las dificultades contiene aspectos relacionados con el desarrollo socioemocional. La espera y la tolerancia cumplen un rol primordial en cualquier actividad dentro de un ambiente de clase o en cualquier espacio recreativo, tanto para los niños, como para los adolescentes e incluso los adultos. Esto involucra una capacidad de autorregulación. Por ello, es importante que todo individuo llegue a madurar los siguientes aspectos, que se deben trabajar desde la infancia temprana:

  • Tolerar la frustración: Ayudará a tomar consciencia de la diferencia entre “necesito esto ahora” y “es un deseo y puede esperar”. Saber que no todo va a salir perfecto, pero que vale la pena intentarlo, es desde ya un esfuerzo valioso, y puede ser satisfactorio el proceso mismo hacia el logro final. Asimismo, interiorizar que, en la realidad cotidiana, no siempre se logra “ganar”, aunque así lo queramos.
  • Manejo de la impulsividad: Cuando las emociones invaden, puede resultar complicado controlar los impulsos, lo cual podría llevar a tomar malas decisiones. Para evitarlo, los niños deben aprender a pensar antes de actuar. Ese proceso no es fácil, pues requiere de condiciones para obtener la calma.
  • Autonomía y solución de conflictos: Ejercer la autonomía implica asumir responsabilidades, pero también resolver situaciones o conflictos con conocimiento y cuidado, sin demandar satisfacción inmediata. La mayoría de los eventos y soluciones requieren de una elaboración pausada para conseguir que sean efectivas. Asimismo, la experiencia de logro, luego del esfuerzo, fomentará su mayor valoración.

 

Algunas frases que niños y padres suelen usar:

  • “Quiero tal cosa ahora”
  • “Dame ya”
  • “no me sale”
  • “Siempre quiere algo en el momento”
  • “Si no le doy, llora”
  • “No puedo hacerle esperar porque eso significa una pataleta”

 

A continuación, se detallan algunas características que los niños suelen mostrar entre los 3 y 5 años. Esto permitirá actuar con mayor confianza para guiarlos y enseñarles a posponer sus demandas. La idea es fomentar la autorregulación y aprendan a postergar sus deseos.

  • Están capacitados para hacer uso de palabras para expresar pensamientos y sentimientos, y compartir experiencias.
  • Comienzan a ver la relación entre causa y efecto (Si hago esto, ocurrirá lo siguiente.)
  • Pueden leer e interpretar las emociones de los demás, y saben cuándo alguien está enojado o triste.
  • Empiezan a comprender normas sociales simples y pueden comportarse de acuerdo con estas.
  • Aún piensan que son el centro de atención y les es difícil considerar las ideas de otros, pero ello no significa que debamos consentirlo, sino más bien estimular ese aprendizaje.

 

Actualmente, los niños pertenecen a una generación acostumbrada a la inmediatez, a lo instantáneo, al “cuanto antes, mejor”. Lo que tarda pierde valor. Situaciones diarias nos proporcionan ejemplos útiles para comprender lo que nos cuesta saber esperar con tolerancia y paciencia.

 

La tecnología contribuye en muchas labores y aprendizajes; sin embargo, un claro efecto es la necesidad de respuesta rápida e instantánea, lo que nos aleja de la persistencia y forma a niños impacientes que se rinden rápidamente.

 

¿Cuántas veces se ha desatado una rabieta por impaciencia? Ocurre que el niño siente frustración, ansiedad y estrés. Pese a que los pequeños pasan por una etapa egocéntrica, también cuanto antes empiecen a trabajar la paciencia y la empatía, formaremos a niños respetuosos, capaces de manejar situaciones adversas.

 

El efecto de la rapidez innecesaria nos aleja de la calma y dificulta reconocer el valor del tiempo; en cambio puede generar fastidio por tener que detenernos, por ejem observar detalles. A los niños les ayuda tomar consciencia de las particularidades para evitar caer en la superficialidad, para analizar aspectos minuciosos que sumarían a la comprensión y efectividad de las acciones.

 

¿Qué podemos hacer los adultos?

No se trata de facilitar las cosas. Dar espacio y tiempo para que entiendan sus emociones y se reestructuren. Permitirles a los niños experimentar el error. Mostrarles con nuestro comportamiento la flexibilidad y la tolerancia.

 

Algunos consejos prácticos para fomentar buenos hábitos y la espera:

  • Promover pausas activas para respirar y recuperar la posibilidad de resolver la frustración.
  • Enseñar a postergar supuestas necesidades y mostrarles que es un deseo que puede esperar.
  • Enseñar a pensar antes de actuar: “¿Qué me conviene hacer? ¿Es el momento adecuado o puedo esperar? ¿Necesito esto ahora o puede ser luego? ¿Cómo lo resolví?”
  • Formular repreguntas para fomentar la autonomía y la solución de conflictos en lugar de resolverles o darles respuesta inmediata: “¿Qué crees tú? Imaginemos juntos, cómo podríamos hacer. Tal vez nunca te sucedió eso antes pero ¿qué se te ocurre ahora?

 

 

 

 

 

Referencias:

 

i Aprender a esperar: Un buen paso hacia la Resiliencia

https://www.hacerfamilia.com/blogs/noticia-aprender-esperar-buen-paso-resiliencia-20161010105946.html

 

ii Trucos de una mamá para que los niños aprendan a saber esperar

https://www.guiainfantil.com/familia/padres/trucos-de-una-mama-para-que-los-ninos-aprendan-a-saber-esperar/

 

iii Psicologiaymente.com

   7 consejos para la autorregulación emocional. Técnicas de Control Emocional.

https://psicologiaymente.com/psicologia/consejos-autorregulacion-emocional

 

iv Facultades de niños entre los 3 y 5 años

https://www.apa.org/act/resources/espanol/facultades-5-anos

 

v López González, L. (2015). Meditación para niños (2da edición). Plataforma Editorial, España.

 

 

Marzo, 2024

 

Ps. Ximena Urrutia

Dpto. Psicopedagógico

Colegio Trener

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