El reto de formar niños responsables


Es una meta fundamental de la educación el desarrollo de la autonomía en los niños y la toma de decisiones de forma libre, aprendiendo a actuar responsablemente en función de diferenciar lo bueno de lo malo y, sin guiarse por la recompensa externa o el castigo. Es parte de dicho desarrollo el lograr la responsabilidad, como la capacidad de responder por los propios actos y reconocer y aceptar sus consecuencias. Ello implica apropiarse de sí mismo y de las acciones que uno lleva a cabo para enfrentar las exigencias y problemas que se presentan en el día a día.

Writen by: Lic. Elaine Wolfenzon (Psicóloga Educacional) |30-07-2020

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Es una meta fundamental de la educación el desarrollo de la autonomía en los niños y la toma de decisiones de forma libre, aprendiendo a actuar responsablemente en función de diferenciar lo bueno de lo malo y, sin guiarse por la recompensa externa o el castigo. Es parte de dicho desarrollo el lograr la responsabilidad, como la capacidad de responder por los propios actos y reconocer y aceptar sus consecuencias. Ello implica apropiarse de sí mismo y de las acciones que uno lleva a cabo para enfrentar las exigencias y problemas que se presentan en el día a día.

Los expertos señalan que el aprendizaje de la responsabilidad debe iniciarse a edad temprana, mediante pequeñas tareas domésticas que involucren a los niños y que estén de acuerdo a su edad. Por ejemplo, cuando son pequeños pueden tirar el pañal al basurero después de ser cambiados, asearse, utilizar el baño por sí solos, ordenar sus juguetes, etc.

A todos los niños les hace falta responsabilizarse de algo en su hogar. Si bien en las primeras etapas de vida la responsabilidad debe ir asociada a pequeñas tareas, las actividades se irán haciendo cada vez más complejas, diligentes y oportunas conforme los niños vayan creciendo. En este sentido, los padres debemos distribuir las labores domésticas, de forma que cada uno de nuestros hijos tenga obligaciones que los ayuden a desarrollar su sentido de la responsabilidad.

Así, es fundamental que los niños asuman pequeños encargos que puedan llevar a cabo y que nosotros reconozcamos y apreciemos su cumplimiento. De esta forma, el niño empieza a asociar que algo que le corresponde a él como persona es importante para los demás. Esta es una semilla que se siembra a corta edad y que debe ser cuidada para que crezca con raíces fuertes de manera que, a futuro, ese niño sea un adulto responsable. Este aprendizaje es un proceso que implica mucho esfuerzo por parte de los padres y los niños.

Otro aspecto importante en la enseñanza de la responsabilidad es que el niño aprenda a asumir que sus actos tienen consecuencias. Desde pequeños deben comprender que lo que hagan tendrá repercusiones en ellos mismos y en los demás, buenas o malas, y que ellos deben responder por sus acciones. En ese sentido, es fundamental que existan pautas y normas claras en casa, al igual que funciones y tareas distribuidas, de tal manera que cada uno sepa con antelación lo que le corresponde y cuáles son las consecuencias de su incumplimiento. Así, el niño valorará desde pequeño la importancia de atender con cuidado lo que hace. Para que esto suceda, es necesario ser perseverante, coherente y consistente, así como reforzar los buenos comportamientos del niño. También es básico mostrar una actitud positiva hacia el cumplimiento para que los chicos valoren su esfuerzo y se sientan reconocidos.

En el campo del estudio o del trabajo, por ejemplo, hay que enseñarles que cuando se les encomienda una tarea hay que llevarla a cabo hasta el final y que siempre es necesario cumplirla bien y dar nuestro mejor esfuerzo.

¿Por qué es importante educar a los niños en la responsabilidad?

La responsabilidad es necesaria para llegar a alcanzar las metas que nos proponemos, pero hay que saber que supone hacer cosas que no siempre nos gustan y en las que debemos poner esfuerzo. También, ser responsables implica asumir compromisos y cumplirlos, dado que esto sienta las bases para ser considerados personas confiables, de palabra. En ocasiones, mentir puede resultar muy sencillo, y tomarse a la ligera, pero parte importante de nuestra responsabilidad está en hacernos cargo de lo que decimos y de lo que dejamos de decir. A veces es muy fácil mentir para esconder el fracaso y evitar conflictos, pero es fundamental que les enseñemos a nuestros hijos a ser honestos y a responsabilizarse de sus palabras y acciones. En general, estos primeros pasos en el desarrollo de la responsabilidad serán esenciales para lograr confianza, autorregulación y autodisciplina.

En general, la responsabilidad favorece la construcción de la propia identidad, la autoestima y la autonomía. Al asumir responsabilidades y compromisos los niños se sienten útiles y saben que su esfuerzo y sus habilidades aportan al ámbito familiar, escolar y posteriormente a la sociedad.

“Cuando establecemos la conexión causal entre las acciones y los efectos que producen, la consciencia de esa conexión nos lleva al concepto de responsabilidad. Solo cuando somos (…) autónomos y conscientes, nos damos cuenta de la repercusión que tienen nuestras acciones y podemos asumir el ser responsables”[1].

¿Qué necesitamos hacer para desarrollar la responsabilidad en nuestros hijos?

Para educar a los niños en el valor de la responsabilidad, todo lo que se requiere es un esfuerzo constante de parte de los padres, mucha paciencia, dedicación, compromiso y una combinación de amor y exigencia que los haga sentirse seguros de asumir los retos y de ser cada vez mejores. Recuerden que instaurar hábitos requiere de tiempo y perseverancia.

Algunos consejos para educar a nuestros hijos en la responsabilidad son:

  • Ser constantes y coherentes con lo que les pedimos y les exigimos para poder generar en ellos confianza y seguridad.
  • Distribuir tareas para los niños en casa de acuerdo a su edad y nivel de desarrollo. Por ejemplo, sacar la basura, regar las plantas, poner la mesa, ordenar sus juguetes y ropa, pasear a la mascota, darle de comer, etc.
  • No hacer por ellos lo que son capaces de hacer por sí mismos. Permitirles que resuelvan los problemas que se les presenten, darles tiempo y escucharlos.
  • Establecer pautas y normas claras en casa de manera que conozcan las consecuencias y puedan anticipar lo que podría suceder si hacen o no una determinada acción. Así, existe un compromiso de ambas partes.
  • Conversar con los niños sobre sus responsabilidades y dejar que sean ellos quienes se hagan cargo de sus cosas. Para esto, es positivo establecer horarios y rangos de tiempo con los que se sientan cómodos. Recalcarles siempre la importancia de cumplir con su palabra, sus compromisos y sus promesas.
  • Promover la toma de decisiones, ayudándolos a pensar por sí mismos en lugar de decirles lo que tienen que hacer. Fomentar la autonomía en casa y brindarles independencia en el día a día, siempre considerando su edad. Por ejemplo, presentándoles de forma deliberada situaciones donde tengan que elegir.
  • Mostrar siempre las ventajas de actuar con responsabilidad.
  • Agradecer y felicitar sus logros.
  • Ser un buen ejemplo. Recuerden que los niños aprenden por imitación. Si ven que sus padres tienen una actitud responsable, actuarán de forma semejante.

Si bien no existe una regla que establezca a qué determinada edad los niños deben ya realizar tareas específicas, sabemos que lo importante es que participen, que puedan actuar con cierta independencia y que se sientan útiles desde pequeños. Cuando los padres hacen las labores por los niños, son estos quienes “pierden” porque les quitan la oportunidad de aprender a desarrollar sus capacidades y a ser responsables.  

Referencias:

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