Cómo ayudar a los niños a manejar el estrés


Es común identificar la niñez con el juego, la imaginación, la fantasía y la despreocupación; sin embargo, esta etapa de la vida no necesariamente es así. Los niños, al igual que los adultos, pueden verse expuestos a situaciones de estrés que no pueden manejar. Algunas de las señales de alerta de la existencia de estrés en los niños son, por lo general, similares a las de los adultos y se pueden presentar a nivel físico o emocional. En el primer caso, encontramos ejemplos como los siguientes: fatiga, dolores de cabeza o de estómago, llanto frecuente, morderse las uñas, insomnio, falta de apetito, sudoración en las manos, entre otras. En el segundo, podemos mencionar pérdida de la motivación para realizar ciertas actividades, falta de concentración, estado de alerta disminuido, ansiedad, preocupación, altos niveles de sensibilidad, temor, apego excesivo a los padres, comportamiento agresivo o regresivo, etc.

Writen by: Lic. Elaine Wolfenzon (Psicóloga Educacional) |30-09-2020

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Es común identificar la niñez con el juego, la imaginación, la fantasía y la despreocupación; sin embargo, esta etapa de la vida no necesariamente es así. Los niños, al igual que los adultos, pueden verse expuestos a situaciones de estrés que no pueden manejar. Algunas de las señales de alerta de la existencia de estrés en los niños son, por lo general, similares a las de los adultos y se pueden presentar a nivel físico o emocional. En el primer caso, encontramos ejemplos como los siguientes: fatiga, dolores de cabeza o de estómago, llanto frecuente, morderse las uñas, insomnio, falta de apetito, sudoración en las manos, entre otras. En el segundo, podemos mencionar pérdida de la motivación para realizar ciertas actividades, falta de concentración, estado de alerta disminuido, ansiedad, preocupación, altos niveles de sensibilidad, temor, apego excesivo a los padres, comportamiento agresivo o regresivo, etc.  

¿Qué suele causar estrés en los niños?

Para los niños, una de las mayores causas de estrés son los cambios y las transiciones. En general, estos cambios pueden ser internos o externos y suponen adaptaciones a las que nosotros como adultos no siempre les prestamos la suficiente atención. Así, variaciones de la rutina al interior de la familia, una mudanza, una enfermedad o un cambio de colegio, pueden generar ansiedad, temor o estrés. Hoy en día, además, dada la cantidad de transformaciones que estamos viviendo en las actividades cotidianas y, en general, en la manera como nos relacionamos con el mundo y con nuestros amigos, familiares y profesores, es totalmente esperable encontrar cierto nivel de ansiedad o estrés en nuestros hijos.

Ahora bien, cuando escuchamos la palabra estrés, solemos asociarla a situaciones difíciles y negativas. No obstante, el estrés es parte natural de la vida de una persona. En bajos niveles, puede resultar positivo para el desarrollo, ya que contribuye a que la persona se motive, busque soluciones y trate de cumplir sus deseos. Sin embargo, cuando el estrés llega a niveles altos y sobrepasa los límites normales, se vuelve perjudicial y termina afectando distintas áreas de la vida cotidiana del niño. Si esto sucede, es recomendable consultar con el pediatra o con un profesional. 

¿Qué hacer como padres frente al estrés en los niños?  

  • Generar en el hogar un entorno familiar cálido, afectuoso y de confianza que ayude al niño a sentirse seguro y contenido.
  • Manejar nuestro propio estrés de la mejor manera posible. Recordemos que somos un ejemplo para ellos. Igualmente, es importante comentarles que es normal que a veces nos sintamos nerviosos, que nosotros como adultos también vivimos momentos difíciles y que todas las personas pasamos por situaciones similares.  
  • Proporcionar siempre espacios donde los niños y niñas puedan expresarse libremente. Permitirles hacer preguntas y decir lo que les preocupa. De igual manera, darles oportunidades para experimentar sus emociones, ayudándolos a verbalizarlas e identificarlas. Es importante encontrar distintos canales, tanto verbales como físicos, para que manifiesten lo que sienten.
  • Escuchar activamente las preocupaciones de los niños. Por más pequeños que parezcan sus problemas, no debemos restarles importancia.
  • Crear un ambiente ordenado y previsible, con pautas y normas claras, que brinde estabilidad a los pequeños para que se sientan apoyados al enfrentar situaciones difíciles. 
  • Enseñarles a ser tolerantes y flexibles con la diversidad, a aceptar los cambios y a adaptarse. Para ello, es positivo dejar espacios de juego libre y momentos de descanso, donde puedan dejar volar su creatividad e imaginación.  
  • Enseñarles que equivocarse es parte de crecer. Que aprendan a ver el error como una oportunidad de aprendizaje y que sientan que sus padres los aman y los aceptan tal y como son.
  • Promover siempre la autonomía, enseñándoles a asumir responsabilidad de sus acciones y de las consecuencias de ellas. De igual manera, facilitar el que ellos sean capaces de enfrentar situaciones cotidianas o de solucionar problemas. No sobreprotegerlos.
  • Fortalecer de distintas maneras su seguridad personal y autoestima.
  • Promover en casa algunas actividades placenteras como leer, pintar, tocar algún instrumento, etc.
  • Plantearles alternativas que les permitan aprender a relajarse. Por ejemplo, escuchar música, darse un baño, hacer ejercicio, prácticas de respiración, etc.
  • Ayudarlos a identificar las situaciones que les provocan estrés y las fuentes del mismo. Así podremos anticiparnos y ayudarlos a estar preparados. 
  • Asegurar un sueño reparador, por lo menos 8 horas diarias y dentro de un horario adecuado. De igual manera, es indispensable incentivar una alimentación balanceada.

Si bien nuestra misión como padres es asegurar un desarrollo sano para nuestros hijos, no podemos criarlos dentro de una burbuja o intentar aislarlos de la realidad. Para un adecuado crecimiento debemos permitirles experimentar distintas situaciones que, aunque sean estresantes, los ayudarán a desarrollarse como personas autónomas. En este sentido, es básico brindarles contención, espacios de comunicación y un entorno emocionalmente estable. Sin embargo, existen ocasiones en las que se sobrepasan los límites y se generan altos niveles de estrés en los pequeños. Por ello, como adultos responsables, si notamos que a pesar de haber aplicado estas recomendaciones, el nivel de estrés del niño se mantiene, es recomendable buscar apoyo profesional.

Referencias:

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