Aprender a valorar la paciencia en un mundo caracterizado por la inmediatez


Paciencia es la capacidad de tolerar adversidades con fortaleza, sin alterarse. También es la habilidad para hacer cosas minuciosas, la facultad de saber esperar cuando algo se desea y la capacidad de perseverar. No obstante, no se debe confundir una persona paciente con alguien indiferente o pasivo, ya que estas características podrían sugerir una persona que acepta las cosas y no lucha por alcanzar sus objetivos, lo que es muy distinto de lo que queremos cultivar en nuestros hijos

04-04-2022

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Paciencia es la capacidad de tolerar adversidades con fortaleza, sin alterarse. También es la habilidad para hacer cosas minuciosas, la facultad de saber esperar cuando algo se desea y la capacidad de perseverar. No obstante, no se debe confundir una persona paciente con alguien indiferente o pasivo, ya que estas características podrían sugerir una persona que acepta las cosas y no lucha por alcanzar sus objetivos, lo que es muy distinto de lo que queremos cultivar en nuestros hijos.

En la actualidad, ya no es suficiente con satisfacer las necesidades de los niños, sino que, además, hay que hacerlo de forma inmediata. En este contexto, aparece la intolerancia a la espera como resultado de una sociedad bastante ansiosa que está acostumbrada a resolver las distintas situaciones con prisa y, por lo general, a través de un dispositivo digital. Esto último, en buena parte, debido a los servicios digitales y a la cantidad de estímulos a los que están expuestos los chicos que los están volviendo cada vez más impacientes. Por ejemplo, nos sentimos frustrados si una página web demora en cargar 20 segundos, si la computadora no prende o si una película no comienza a reproducirse de manera inmediata. De igual manera, los pequeños esperan que les contesten los mensajes al instante. Por ello, todos, pero principalmente los niños, que son considerados “nativos digitales”, han desarrollado “impaciencia” y una marcada necesidad de lograr una gratificación inmediata en distintos ámbitos de sus vidas.

Sin embargo, con frecuencia se presentan situaciones que requieren de la capacidad de espera, ya que tienen un “efecto diferido”; es decir, que los resultados se obtienen después de transcurrido un tiempo necesario. Esto ocurre en distintas circunstancias, especialmente en el trabajo escolar, donde lo esperado se manifiesta tras perseverancia, maduración, práctica y constancia, habilidades que no proceden de manera inmediata, sino en el mediano y largo plazo.

En este contexto, es frecuente que hoy en día, los chicos muestren, además, cierta vehemencia, lo que podría estar vinculado a la falta de autorregulación e impulsividad y, como consecuencia, afectar la adquisición de aprendizajes. Las respuestas inmediatas (automáticas) podrían estar acortando los lapsos de atención, lo que no estimula la reflexión, sino la búsqueda de lugares comunes que se aceptan con facilidad, y que evitan el procesamiento más profundo de la información, entre otras habilidades. En cierta medida, la inmediatez contribuye a la superficialidad de las percepciones, no hay que perder de vista que la riqueza de las experiencias reside en su procesamiento "a fuego lento".

Asimismo, es interesante mencionar que, en un reciente estudio realizado en Inglaterra[1], se encontró que el 95% de los participantes estaba de acuerdo en que la paciencia es una virtud. Sin embargo, también el estudio mencionó que la paciencia “se está convirtiendo en una cualidad extremadamente rara en la sociedad moderna”[2].

¿Entonces cómo cultivar la paciencia en los niños?

 

Aquí se plantean un conjunto de estrategias que podrían ser de utilidad:

 

  • Ser ejemplo. Para lograrlo, es importante reconocer tu estado emocional y buscar tu propia tranquilidad, solo así podrás acompañar el aprendizaje de tu hijo. Además, debes ser paciente contigo mismo y cuidar la forma en que reaccionas frente a una situación que se sale de lo planificado. Así, es importante preparase para los inconvenientes y no crear expectativas demasiado altas.
  • Cuidar de uno mismo. La vida saludable, la reflexión, el hacer pausas y ejercicio, escuchar música, meditar y sentirte tranquilo te ayudará a tener calma.
  • Aceptar tu ritmo y el de los demás. Cada persona desarrolla su estilo y forma personal de entender el tiempo. Es posible que tu ritmo sea más acelerado que el de tu hijo, por lo que es necesario reconocerlo y aceptarlo sin presionarlo en sus actividades cotidianas. Por ejemplo, si tiene una tarea, no necesariamente debe realizarla ya. Si se tarda o prefiere avanzar por partes, no se desesperen, está construyendo su propio ritmo. Y, sobre todo, es importante no caer en la trampa de hacer las cosas por él “porque así es más rápido”.
  • Cumplir las promesas. Es importante que tu hijo vea que al final de la espera se llega a la meta ofrecida. Si no, recibirá el mensaje de que esperar no vale la pena y perderá la confianza en ti.
  • No resolver todo de inmediato. Los niños necesitan ciertos niveles de esfuerzo y frustración para aprender a solucionar problemas. Si tú haces las cosas por él, no aprenderá a defenderse por sí mismo y desarrollará baja tolerancia a la frustración.  Por ello, es fundamental que le des la posibilidad de aprender a esperar, así entenderá que las metas u objetivos requieren de esfuerzo, perseverancia y tiempo para conseguirse. En general, enséñale a esperar antes de atenderlo y a no interrumpir las conversaciones cuando quiere algo.
  • Utilizar el diálogo. Dedica tiempo a reflexionar con tu hijo y a explicarle por qué es necesario tener paciencia. Asimismo, es positivo anticiparle las cosas para que esté preparado y pueda organizarse mejor. También, es importante que converses con él sobre sus expectativas y de cómo hay momentos en que nos sentimos fastidiados al no poder cumplirlas. Le ayudará que le cuentes alguna experiencia tuya en la que tuviste que esperar y tener paciencia para conseguir lo que querías. Finalmente, también es importante reconocer sus avances.
  • Realizar actividades en familia. Plantear actividades que implican esperar o respetar turnos es positivo. Por ejemplo, los juegos de mesa, el plantar una semilla, elaborar un pastel y decorarlo, armar un rompecabezas o un lego, etc. También es favorable utilizar cuentos en los que el personaje se destaca por su paciencia y perseverancia.
  • Enseñar a diferenciar entre deseos y necesidades. Es fundamental que tu hijo entienda que existen prioridades y que él no es el único que desea o necesita alguna cosa. También, es indispensable hacerle entender cuál es la diferencia entre una necesidad básica y un deseo. 

 

La paciencia es una virtud a la que no siempre le prestamos mucha atención. Sin embargo, si se practica, nos ayudará el resto de nuestra vida. La paciencia contribuye a que vivamos más tranquilos, seamos comprensivos y aprendamos a manejar mejor las dificultades. De igual modo, al desarrollar paciencia somos capaces de esperar con calma y perseverar para que las cosas sucedan, sin perder el entusiasmo.


“Vivir sin paciencia es, inevitablemente, vivir sin calidad de vida. Es arriesgarse a vivir con estrés constantemente, y dejar que este se transforme en la regla en lugar de ser la excepción”.[3]

 

Referencias:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] https://www.studyfinds.org/hurry-up-modern-patience-thresholds-lower-than-ever-before-survey-finds/

[2] https://www.economiadigital.es/tecnologia/la-tecnologia-nos-hace-mas-impacientes_647927_102.html

[3] https://www.universia.net/mx/actualidad/vida-universitaria/importancia-paciencia-mundo-digital-1161010.html

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